Mi re-casamiento

Y así lo llamó el cura…

 

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Hoy hace 25 años que dimos por primera vez el  “si quiero” ante el altar y he de decir que aunque con  tropiezos aquí estamos re-casándonos otra vez. Nuestra vida es así…

Nacimos casi juntos, pues solo nos separan tres meses, y juntos seguiremos para siempre. Juntos estaremos cuando las blancas alas de la muerte acaben nuestros días. ¡Ay! también juntos estaremos hasta en la memoria silenciosa de Dios. Pero dejemos que existan espacios en esta, nuestra unión. Y permitamos que los vientos de los cielos dancen entre nosotros.

Nos amamos el uno al otro, pero no permitimos que el amor sea una atadura: Permitimos mejor que sea como un mar que se mece entre las orillas de nuestras almas. Nos colmamos mutuamente, pero no nos agobiamos. Compartimos nuestro pan, pero sin comer del mismo trozo. Cantamos y bailamos juntos y somos alegres, pero permitimos que cada uno se sienta solo. Así como las cuerdas de una guitarra nos encontramos separadas aunque nos estremecemos con la misma música.

Nos damos el corazón, pero sin que por ello dejamos de vigilarlo. Pues solamente la mano de la vida puede contener nuestros corazones. Nos mantenemos unidos, pero no demasiado juntos: Porque las columnas del templo se encuentran separadas. Y el roble y el ciprés no crecen estando bajo la sombra del otro.

Estas son las buenas maneras de nuestra vida en pareja, tal vez, a ti que empiezas la andadura, también te sirvan.

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