11M, año 2004

Era una mañana fría, después de desperezarme salí de la cama a eso de las 8.15, como rutina diaria he encendido la tele y me he puesto a desayunar, para posteriormente llamar a mis hijas, de 7 y 4 años respectivamente. Cuando he escuchado que un tren en el Pozo del Tío Raimundo había explotado, aun no se sabia nada de lo que había ocurrido. Se barajaba la posibilidad de que ETA hubiera podido ser. La verdad, me ha preocupado por los afectados que iban en el, pero me ha tranquilizado saber que mi esposo que es maquinista, estaba en la cama. Sobre las 8:30 he ido a llamar a mis hijas y a la vuelta han comentado que un tren que venia de Alcalá también había explotado. Un escalofrió ha recorrido mi cuerpo, pues nosotros hemos vivido 12 años allí y conocía a mucha gente que coge ese tren y sobre esa misma hora. Cuando mis hijas se han levantado, aunque tenia un nudo que me atenazaba en la garganta no he querido manifestar mi preocupación porque aún son pequeñas y no quiero que se preocupen. Tras desayunar y vestirlas, sobre las 8:50 hemos salido para el cole. Una vez han entrado he echado a correr como alma que lleva el diablo, el corazón me latía con una fuerza inusual, casi rayando el infarto. Al llegar a casa he empezado a llamar por teléfono. De momento todos estaban bien. Cuando he marcado el móvil de mi prima, su móvil no funcionaba, algo me decía que no podía ser, que a ella no le podía pasar.
He pasado toda la mañana delante de la tele, era horrible ver tanto destrozo y saber que entre ello había personas aún vivas. Las imágenes de la estación de Atocha eran infernales, todavía había muchísimo humo, todo lleno de sirenas de todo tipo (policía, bomberos, samur, ambulancias,….), toda la gente corría, lloraba y gritaba… gritaban nombres de personas que no encontraban (algunos no las volverán a encontrar). Por suerte las bombas no habían estallado dentro de la estación, lo que fue un alivio (si lo fue para mi, imaginad para los que tuvieran familiares trabajando allí…).

De pronto sonó el móvil, era mi prima (es estudiante de medicina)

– Estoy bien, no os preocupéis, llama a mi madre y dile que no me llame que me he quedado a colaborar. Hay prima no sabes como está esto la cruz roja organiza a los voluntarios. Lo primero que nos han dicho es, literalmente, "comprobad si respiran, ni no respiran pasad a otro, no intentéis reanimación, si respiran tapadles con una manta", a continuación nos han dado un montón de mantas y nos empujaban para que corriéramos.
Puedo decirte que comprobar si alguien respira, y ver que no lo hace le da una patada a tu corazón y a todo lo que tienes por dentro. Jope he dejado mas de 9 personas sin tapar, incluidos 3 niños (2 niñas y 1 niño). No puedo describirte como es la sensación cuando una niña de apenas 7 años tiene clavada su mirada en ti y cuando llegas a ella descubres que no te esta mirando, simplemente, no mira.

La mayoría de ellos sangraban, otros tantos tenían la cara o el cuerpo quemados, había personas sollozantes tiradas por el suelo con las piernas o los brazos rotos por los pisotones de la gente que había salido en estampida, los peor parados los niños…
He dejado de fumar, pero hoy he aceptado un cigarrillo de otro voluntario al que no conocía. Mientras fumaba miraba alrededor y no podrías nunca imaginar algo así… Cuerpos sin vida por todos lados; trozos de vestidos, trajes, bolsos, ensangrentados; cuerpos INCRUSTADOS en el techo y la herrumbre; médicos cosiendo en vivo heridas; bomberos intentando cortar los hierros que aprisionaban las piernas de una chica de no mas de 18 años; la policía intentando calmar los ánimos desesperados de quien buscaba a su padre, a su hija, a su novio…; los voluntarios, tan ensangrentados por las salpicaduras que solo las credenciales nos diferenciabas de los que estaban realmente heridos.

Hoy he llorado. He llorado unas amargas lágrimas de impotencia. Ya se que todo el mundo llora por lo que considera que en ese momento le afecta, pero mi umbral de llanto es exigente. Yo lloro cuando ni la razón ni el corazón pueden hacer nada para ayudar. Y eso que he tenido la suerte de que a ningún allegado le haya ocurrido nada, ni ha ninguno de mis conocidos. Pero sabéis que? Me he sentido tan vacía, tan agotada, tan dolida y tan cabreada que no quiero (ni puedo) tan siquiera imaginar cuanto dolor pudiera haber sentido si una de esas niñas hubiera sido mi hija Patricia, o mi hija Raquel, o si uno de esos chicos que gritaban buscando a su novia hubiera sido mi hermano Jesús, o cualquiera de los amigos y amigas que dejé allí en Alcalá…. en definitiva, algún ser querido.
Podéis imaginarlo? Poneros en la situación de esas victimas? No. No podéis. Y espero que no ocurra nunca.

Marta

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