Noche de difuntos

Aquella noche Ángela y Martín se acostaron como de costumbre. Martín se durmió rápidamente pero Ángela tenía el sueño más suave, de modo que cuando empezaron los arañazos ella los oyó y se puso alerta. Lo primero que pensó al oír ruidos que no supo identificar debido al miedo, fue que habían entrado ladrones en la casa. Despertó a su marido sin encender siquiera la luz y le pidió que escuchara y mirara para ver si había entrado alguien a la casa. Martín se despertó, escuchó y dijo: “Son arañazos, será el perro”. Sin apenas hacer un movimiento encendieron la luz y vieron al animal dormido a los pies de la cama. No había sido él. Volvieron a apagar la luz, en ese momento se reanudaron los arañazos, y cada vez parecían mas claros y más cerca, parecía que se estaban haciendo en la puerta de la habitación, que estaba cerrada. Martín dijo en voz baja a Ángela que igual era un ratón, y que si era así, lo pillaría, porque los ratones, al ver una luz, se quedaban inmóviles momentáneamente. Y lo hizo, se tiró de la cama, encendió la luz, pero esta demostró que allí no había ratones, ¡no había nada!. El perro se despertó, comenzó a ponerse nervioso, miro a la puerta y lanzó un primer aullido, al cual siguieron otros más. Volvieron a volvieron a cerrar la puerta, el perro no callaba, lo cual los puso a ellos también nerviosos. El perro se ocultó bajo la cama. Mientras ellos pensaron en hacer otra prueba para ver si pillaban que erra lo que producía esos sonidos de rasguños, pero cada vez que apagaban la luz se escuchaban los rasguños sobre la madera de la puerta. Martín decidió encender nuevamente la luz y levantarse y,sobrecogido de terror, según confesaría posteriormente, se dirigió a la puerta, la abrió y miró medio encogido y con el ceño fruncido  a ambos lados de la puerta, pero nada, no se veía nada. Sobrecogidos por el terror que tal hecho les producía, pensaron en ir hacia la cocina para poder proveerse de algún utensilio con que poder defenderse. Martin se dirigió hacia la cocina  siguiendo los pasos de Ángela. Pensaban en los niños, no querían que se despertaran, pues el susto que podrían producirles serian muy grande e intentaron caminar en silencio. Al llegar a la cocina Ángela tuvo un pálpito.

– ¿Qué día es hoy, Martín?

Martín le dijo la fecha exacta.

– ¿Pues que fecha va a ser? Hoy es 1 de noviembre.

– Es la noche de los difuntos!. -Exclamó ella.

Ángela inmediatamente encendió una vela, que tenia guardada en el cajón  y comenzó a rezar.

Ángela pidió a Martín que la dejara sola, que necesitaba reflexionar. En cuanto Martín salió, Ángela  prometió a su madre que por aquel olvido le haría una misa especial  solo para ella y le rogó que la perdonara.

El resto de la noche no se escuchó ni un rasguño más.

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