Luna

Tú, que rigiendo de la noche el carro,

sus sombras vistes de cambiantes velos,

dando entre nubes que en silencio

arrollas puros destellos,

Para que mi alma te bendiga y ame,

cubre veloz tu lámpara importuna…

cuando, eclipsada, mi ventura lloro,

¡Vélate, luna!

Tú, que mis horas de placer miraste,

huye y no alumbres mi profunda pena,

no sobre restos de esperanzas muertas,

brilles serena.

Pero no escuchas luna

del dolor al grito sigues tu marcha majestuosa y lenta,

nunca temiendo la que a mí me postra,

ruda tormenta.

Siempre de infausto sentimiento libre,

nada perturba tu sublime calma,

mientras que unida de pasión al yugo,

rómpase mi alma.

Si parda nube de tu luz celosa,

breve momento sus destellos vela,

para lanzarla de tu excelso trono

Céfiro vuela.

Vuela, y de nuevo tu apacible frente

Luce, y argenta la extensión del cielo

¡Nadie ¡ay! disipa de mi pobre vida

Sombras de duelo!

Bástate, pues, tan superior destino;

Con tu belleza al trovador inflama;

Sobre los campos y las gayas flores

Perlas derrama;

Pero no ofendas insensible a un pecho

Para quien no hay consolación ninguna

Cuando eclipsada mi ventura lloro,

¡Vélate, luna!

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